Repensar la Educación – Inger Enkvist

Repensar la educación es un duro alegato de la pedagoga e hispanista sueca Inger Enkvist contra las corrientes filosóficas del siglo XX surgidas en Francia, uno de los epicentros europeos del pensamiento del siglo pasado. Estas doctrinas filosóficas dieron lugar a los preceptos del constructivismo para asentarse como nuevo paradigma pedagógico: uno que aboga por centrar la educación en el alumno y entretenerlo a base de propuestas lúdicas que les motiven y se concentren en sus intereses como niños, y no en su formación como futuros adultos.

El germen de esto, según Enkvist, lo originan autores como el epistemólogo y psicólogo Piaget, que defiende que sólo aquellos que hayan llegado a la madurez están preparados para aspirar al conocimiento. El problema de esta teoría, según defiende la propia Enkvist, es que considera a los más jóvenes como incapaces de aspirar al conocimiento, y esto convierte a las escuelas en un sitio cuya prioridad fundamental es entretener al alumno, postergando dicha madurez y mutando los centros escolares en guarderías para dejar a los hijos mientras sus padres trabajan.

Las consecuencias han sido desastrosas: falta de esfuerzo y de concentración, enaltecimiento del narcisismo, desprecio hacia la obediencia y la responsabilidad, pésimos índices de lectoescritura por falta de práctica y una total ausencia del contenido para basar la educación en proyectos colaborativos, y en la realización de un sinfín de actividades que no aportan nada; junto con el consiguiente descenso de nivel que ha forzado a los docentes a otorgar promociones automáticas para conseguir que sus alumnos puedan pasar al siguiente curso.

Estas acciones, vistas como «bienintencionadas», están diseñadas para que ningún alumno se quede atrás y todos puedan aspirar al más alto nivel educativo mediante la promoción del igualitarismo en el aula, pero, en lugar de favorecer el aprendizaje en la educación, han contribuido a su retroceso hasta llegar a niveles alarmantes que llevan a la autora a confirmar la destrucción de la cultura y de la sociedad occidental, auspiciada por corrientes como el relativismo, que restan importancia a la ciencia; o la deconstrucción, que cuestiona el lenguaje, los valores, las normas y convenciones que gobiernan a las sociedades occidentales, y a cuya destrucción contribuye también el multiculturalismo.

De esta forma, la autora plantea que las prácticas educativas modernas están inmersas en una lógica que apela frecuentemente a argumentos propios de la Revolución Cultural China, y a una lucha entre conciencia de clase, intelectualismo y burguesía, pero situada en plena Europa del siglo XXI. En otro de sus argumentos, Enkvist pasa a considerar la imagen que se ha propiciado de los inmigrantes como otro germen del mal, por tesis políticas similares a la de Rousseau con el buen salvaje y por cierto sentimiento de culpa debido al pasado colonial europeo. En este caso, el constructivismo es el vehículo conductor que da pie a promover valores exógenos en el aula. En un marcado contraste con las posturas asumidas, una serie de conjeturas, falacias y desatinos varios confirman que la autora explora con soltura y desacato la clase de argumentos que tanto critica, constatando que pese a su defensa férrea de la lectura para descubrir mundos ajenos y acceder al conocimiento, hay un par de tomos que aún no ha leído o se ha negado a leer, si acaso lo ha hecho obteniendo algún resumen de internet, como hacen muchos estudiantes hoy en día.  

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